Los procesos psicosociales y la transformación social (a propósito de la NEM)
“El
objetivo de la teoría no era mostrarque
las minorías pueden influir tanto comolas
mayorías, sino ampliar el campo de lapsicología
a nuevos fenómenos, a los fenómenosde
la innovación, de la revolución, de la disidencia,de
la herejía, y así sucesivamente, que son fenómenospsicosociales
del más grande interés práctico”
S. Moscovici
Para dar a comienzo a esta reflexión acerca de los procesos psicosociales y la transformación social, quiero compartir que llevo varios días estudiando los conceptos: habituación, naturalización y familiarización tratando de entender con claridad cada uno. Así que he decidido iniciar esta reflexión intentando distinguir cada uno de estos conceptos.
Para el término de naturalización fui a dar con un autor al cual no tenía el gusto de conocer llamado Vincent Marques que parte de uno de los conflictos esenciales en el ámbito sociológico: lo natural vs lo social. Para Marques, no hay nada en la biología que nos impida vivir diversas vidas cotidianas, es decir, que todo lo que compone nuestro día a día no está dado por la biología, sino que son construcciones sociales sobre las que edificamos nuestra forma de vivir sin siquiera darnos cuenta de que no son necesariamente naturales, inherentes a nuestra especie. Esto aplica para los actos más elementales del día y para las decisiones más trascendentales también. Actuamos sin reflexionar sobre las razones por las cuáles hacemos lo que hacemos; un pensamiento cotidiano es entonces un pensamiento irreflexivo y esto suele llamarse pensamiento común.
Marques sostiene esto en la idea de que la vida cotidiana (objeto de estudio esencial para la sociología) es algo muy próximo a cada uno de nosotros; he ahí la dificultad para identificar como no natural todo lo que hacemos, o cuando menos las cosas más esenciales que consideramos parte del ser persona, del ser humano (ser como verbo, no como sustantivo). Lo que propone Marques es la necesidad de tomar distancia de nuestra propia vida cotidiana para poder sorprendernos con todo lo que en ella acontece de manera “natural” (que no es natural) y poder entonces convertirlo en objeto de estudio para reflexionar sobre ello, para analizar y para conocer las construcciones sociales que le han dado forma. La pandemia y el confinamiento, por ejemplo, nos llevaron sin pretenderlo a un momento así: tomamos distancia de nuestra vida cotidiana, nos pudimos dar cuenta de cómo somos capaces de reconstruir nuestro día a día, de reedificar las formas de existir y de “renaturalizar” (acabo de inventar la palabra) las nuevas circunstancias generando una vida cotidiana distinta.
Los planteamientos de Marques son mucho más profundos y amplios, pero lo dejaré aquí porque considero que es suficiente para establecer un vínculo con el objetivo de la psicología comunitaria relacionado con el cambio social.
En segundo lugar, tenemos el concepto de familiarización que es tomado de la teoría de las Representaciones Sociales de Moscovici (uno de mis autores predilectos) y que, en pocas palabras, lo que explica es que las representaciones sociales son operaciones entre la cognición y la comunicación. Nos permiten construir un pensamiento colectivo para vivir en comunidad. Parte de la idea durkheimiana de que el pensamiento del ser humano como ser social es un pensamiento conceptual, entonces necesitamos estas representaciones sociales que hacen confluir el pensamiento (cognición) con la comunicación social (conceptualización).
Esta teoría no es sencilla y quizá cometa algunos errores en mi intento de explicarla brevemente. El asunto es que, para Moscovici, la familiarización es ese proceso a través del cual el objeto nuevo se asocia a formas conocidas y se lo reconsidera a través de ellas, es decir, transformar el objeto con base en las categorías de nuestra cultura para hacer que este conocimiento nuevo penetre en el cuerpo social. Es la “familiarización con lo extraño”, integrándolo a un conjunto de sentidos y saberes preexistentes. Retomando la pandemia, tuvimos que integrar en nuestro sistema cognitivo conceptual todo (o lo más posible) relacionado con el virus SARS-Cov-2 y la enfermedad Covid-19. Escuchamos, leímos y conversamos lo suficiente al respecto para lograr familiarizarlo e integrarlo en nuestro universo preexistente de conocimientos con respecto a enfermedades, a urgencias, a cuidados, a limpieza, etc. Para la familiarización de lo extraño se llevan a cabo dos procesos: la objetivación (reconstrucción del objeto entre lo que nos es familiar) y el anclaje (hacer inteligible lo que no es familiar), pero no ahondaré en ellos ahora porque cualquiera que haya leído a Moscovici sabe lo vasto y complejo que suele ser (aunque escriba con la claridad con la que lo hace).
Me parece que con esta información es suficiente para comprender la idea de la familiarización y desprenderse de la otra manera de entenderla, aquella relacionada con el proceso de inserción en una comunidad que será nuestro objeto de estudio. En este caso, esta segunda acepción no es la que nos interesa, sino la primera, la de Moscovici.
Viene entonces el tercer término y que he dejado hasta el final porque me parece que de alguna manera contiene a los otros y porque también es el que más difícil se me hacer explicar: la habituación. Este concepto viene de aquel de Bourdieu: habitus, y se refiere a una construcción social que se convierte en patrón de conducta y de pensamiento (como en el caso de la naturalización) pero que tiene una utilidad social, de alguna manera, coadyuba a que las cosas marchen sin mucho conflicto y se transmiten de generación en generación, aunque pueden ir teniendo ajustes conforme las circunstancias socioambientales van cambiando.
No quisiera ahondar más en este término. Lo relevante aquí es que estos habitus, esta habituación que se construye en las sociedades y que favorece que se reproduzcan sistemas de vida irreflexivos, puede tener una connotación negativa. Aunque nos facilite la vida cotidiana al permitirnos reproducir soluciones o formas de vida que no requieren de una toma de decisión constante y que evitan conflictos al estar determinadas “desde siempre” y de alguna manera consensuadas culturalmente, suele suceder que perpetúan sistemas de opresión en los que las mayorías tienen pocas ventajas y una pequeña minoría es la que ha logrado acomodarse bien y obtener todos los beneficios. Y esto es lo que se relaciona directamente con la psicología comunitaria.
Ahora, ¿cómo se relacionan estos tres procesos psicosociales (naturalización, familiarización y habituación) con la problematización, la concientización y el cambio social en la psicología comunitaria? Pues comprendiendo cada concepto no es tan difícil visualizar que, a través de la problematización es posible movilizar la conciencia y acompañar en los procesos de transformación a las comunidades. Se dice fácil y rápido, pero ¿qué es problematización en este contexto? La problematización se sostiene sobre tres pilares fundamentales y un valor fundamental: el diálogo, la reflexión y el análisis (pilares) y el respeto (valor). La puerta de entrada a un proceso de transformación es la toma de distancia de esa vida cotidiana que nos mantiene en una determinada posición social, vital, existencial, y a través del diálogo, de un cuestionamiento respetuoso, amoroso, pero claro y directo, encontrar el camino hacia el reconocimiento de los patrones de habituación, de los mecanismos para la familiarización y del análisis de lo naturalizado. Es encontrar las contradicciones, lo que no tiene sentido, lo que existe desde la inercia y no desde la justicia o desde la conciencia. Es identificar las construcciones sociales que le han dado forma a esa realidad en particular. Y se hace entonces posible abrir caminos de redefinición para la transformación de la realidad social de la comunidad.
Creo que no es necesario extenderme más en este punto. Quizá solamente sea bueno aclarar que al mencionar comunidad esta se distingue de un grupo debido a ciertas características que la conforman: los miembros, a diferencia de los que pudieran integrar cualquier grupo (por ejemplo, el grupo de los que viajan en camión hacia Cuernavaca, o el grupo de primer grado de una escuela, o el grupo de las señoras que compran en el mercado temprano en la mañana, etc.), comparten una historia, un espacio y tiempo determinados, intereses, objetivos, necesidades y problemas, mantienen una interacción frecuente, se saben, se reconocen, se sienten seguros en el interior de la comunidad, tienen un sentido de pertenencia; la comunidad los obsequia con una identidad social, comparten una constitución cultural, compromisos y significados, se influyen, se organizan y emplean recursos para alcanzar fines colectivos.
Asimismo, quiero aclarar que no especifiqué que los procesos de transformación que comienzan con la problematización atraviesan también por el momento (propósito) de la desideologización, la ruptura con las concepciones ideológicas que han perpetuado las condiciones desfavorables para los miembros de la comunidad. Considero que me extendí demasiado y ya no integré en el análisis ideologización y alienación; estos conceptos son también muy amplios y profundos, pero creo que, con los abordados en los párrafos anteriores, la praxis desde la psicología comunitaria queda comprendida en lo esencial.
Cierro esta reflexión con dos puntos más. En cuanto al primero compartirles que el sentido de mi existencia está sostenido en este camino de develamiento de los habitus que nos conforman como sociedad. Hoy, especialmente, hay una realidad que comienza a naturalizarse, a la que nos estamos habituando y que tiene que ver con la sobrediagnosticación y medicación de niños diferentes en un perverso y mal entendido juego de inclusión educativa. Estamos, considero, en el proceso de familiarización de esta forma de controlar lo diferente. Y, por otro lado, para finalizar, compartirles una experiencia que, al leer a Montero, vino a mi mente y me volvió a erizar la piel.
En 1996 participé en las comunidades indígenas zapatistas con un proyecto de educación. Durante un par de años fui parte de este trabajo. Son innumerables las experiencias y los aprendizajes que llenaron mis días en aquella “Tierra del Olvido” (como me gustaba llamarla cariñosamente en mis escritos). Pero algo que me arrobó al conocerlos, fue escuchar de viva voz aquello de: “Ya nos hartamos de morir por enfermedades que tienen cura, preferimos morir luchando”. Y ahora encuentro esto en un texto de Maritza Montero al estudiar los temas de esta reflexión:
Son entonces circunstancias de vida en las que, al no ser posible seguir siendo objeto de su negatividad, se produce la ruptura de la ficción de naturalidad, de manera que ninguno de los mecanismos adaptadores e ideologizadores funciona ya, dado que el carácter negativo de esas circunstancias las hace absolutamente insufribles. Constituyen el límite de lo que se está dispuesto a aceptar e inducen a llevar a cabo actos límite (…) el margen real donde comienzan todas las posibilidades (…) el punto de corte donde no hay retroceso, donde sólo hay la posibilidad de transformar o desaparecer. (2004, p.130).
Y con esto termino mi reflexión.
Referencias
Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos. Editorial Paidós.
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