La psicoterapia y la vida cotidiana

 






“El mérito de la antipsiquiatría es
haberse rebelado contra cualquier idea
de una ‘administración’ de la locura,
dejando el campo libre a una diversificación
de experiencias que sólo tienen sentido
cuando escapan a toda planificación.”
M. Mannoni

Para abordar el tema de este texto, haré primero un corto y conciso recorrido por alguno de los eventos que han conformado los antecedentes de la psicoterapia, resaltando la importancia de su historia. Posteriormente presentaré una disertación acerca de la que considero es la relación de la psicoterapia con la vida cotidiana a raíz de lo estudiado con respecto a sus antecedentes.

Entonces, ¿cuál es la importancia de la historia de la psicoterapia? La pregunta es curiosa, pues finalmente, la historia de lo que sea (personas, países, disciplinas científicas, etc.) es siempre importante. Lo que nos antecede nos constituye. Lo que es muy interesante de la historia en particular de la psicoterapia es identificar cómo el ser humano siempre ha estado en la búsqueda de la comprensión del sí mismo. No únicamente el universo exterior le resulta un misterio, sino también el interior. La manera en que la psicoterapia aparece desde las tribus primitivas (claro, bajo un marco conceptual y práctico distinto del actual) permite conocer las vías que se han establecido para la penetración en el ser de los humanos, y no únicamente en el existir (relacionado con la satisfacción de necesidades básicas). Posteriormente, ya en la época moderna, es interesante seguir el recorrido desde aquel que daba de beber agua con hierro para equilibrar al cuerpo, hasta las profundidades de la psique humana a las que Freud nos ha llevado y que, curiosamente, en las últimas décadas pareciera que ya no se quiere participar de ellas, pues las psicoterapias actuales van conformándose entorno a cuestiones menos profundas y más pragmáticas.

Los antecedentes de la psicoterapia podemos encontrarlos desde aquellas perforaciones (trepidaciones) en el cráneo que practicaban algunas tribus primitivas o los rituales que se realizaban en otras a cargo de los brujos de la comunidad. Estos hechos no nos permiten identificar métodos actuales relacionados con los tratamientos psicoterapéuticos, pero sí nos permiten apreciar con claridad que siempre en la historia del hombre ha llamado la atención lo diferente y se ha reconocido lo que tiene, a nivel psíquico, un funcionamiento anormal, las variaciones las encontramos tanto en la explicación que se generaba en los grupos sociales, como en los tratamientos que se practicaban derivados de esas explicaciones.

En el Renacimiento, por ejemplo, era común que las enfermedades mentales estuvieran relacionadas con el diablo, por lo que los exorcismos eran el método más empleado. Con el transcurrir del tiempo, las enfermedades mentales se fueron humanizando y se fueron separando de las cuestiones religiosas para estudiarse como aspectos de la vida mental del ser humano y entonces surgen algunos manicomios y una narrativa nueva acerca de la etiología de estas circunstancias. Se habla del carácter hereditario como una posibilidad. Se estudian con más formalidad la hipocondría y la melancolía. Sin embargo, muchos de los tratamientos continuaban siendo crueles e inhumanos y los “locos” eran recluidos en hospitales, alejados de la sociedad. Es hasta el surgimiento del “tratamiento moral” propuesto por Pinel en Francia cuando se aborda la atención de los enfermos mentales desde un lugar de mucha mayor dignidad y respeto a su condición y cuando se plantea la relevancia del vínculo médico-paciente en el tratamiento.

Posteriormente, se reconoce la naturaleza de la psicogénica de la neurosis y comienzan a surgir otros enfoques para el tratamiento de la enfermedad mental, como el propuesto por Mesmer que argumentaba que un fluido cósmico que nos vinculaba con el universo se desajustaba y que era necesario equilibrarlo nuevamente para lo cual empleaba imanes. Tuvo mucho éxito y otros comenzaron a experimentar con su técnica, lo que fue derivando en proceso de hipnosis que fue el que, finalmente, fue ganando la atención de la sociedad.

Lo que sigue es conocido. La hipnosis reveló que existe un funcionamiento mental que ocurre sin que el hombre esté consciente de ello y que a través de este funcionamiento es posible alterar la conducta. Esto abrió la puerta al estudio de esa parte no consciente que derivaría en el psicoanálisis, método propuesto por Freud.

Atendiendo al contenido de este breve recorrido histórico, podemos encontrar que las desviaciones de lo normal han sido siempre motivo de inquietud en la vida de los hombres; sin embargo, no es únicamente el identificar lo diferente, lo anormal, sino el tratar de “corregirlo”, de remediarlo o, cuando menos de ahuyentarlo, como lo explica tan excelsamente Foucault:

“Para el hombre clásico, la locura no es la condición natural, la raíz psicológica y humana de la sinrazón; constituye más bien su forma empírica; y el loco, al recorrer la curva, de la caída humana, hasta llegar al furor de la animalidad, revela ese fondo de sinrazón que amenaza al hombre y que envuelve desde muy lejos a todas las formas de su existencia natural.” (1998, p. 249)

El comportamiento anormal nos resulta amenazante y por ello ha de resolverse. Se puede apreciar también, en este devenir histórico y atravesando por los tiempos actuales, cómo la perspectiva de las enfermedades mentales o de los comportamientos desviados ha venido cambiando y así también los modelos y tratamientos que van integrando las novedades del tiempo histórico en que emergen. “Todas estas actividades se refieren al hecho de que la vida humana es inherentemente problemática” (Ruiz y Sánchez, 1998). O quizá sea la consecuencia de haber comenzado a cuestionarlo todo, desde uno mismo hasta el mundo en el que se habita, como característica esencial del despertar del razonamiento y que nos escindió del ambiente natural y que nos dejó este sentimiento que Fromm ha llamado “separatidad”.

Mencioné al comenzar este texto que la vinculación de la psicoterapia con la vida cotidiana me parecía que podía abordarse desde distintas perspectivas y he abordado ya una de ellas, la que tiene que ver con su evolución histórica. Sin embargo, hay otra perspectiva, la individual que me lleva a explorar mi propio proceso en psicoterapia y a reflexionar sobre la manera en que el lenguaje y la estructuración interna del discurso pueden llevar a trascender lo que está estorbando de la historia personal en el presente. “El relato de confesión es, así, un acto de auto-apropiación temporal que nos otorga identidad y planta al sujeto en la realidad como agente de su devenir en un horizonte lleno de sentido.” (Sáinz Luna, pp.44-45). Aunado a lo estudiado en los antecedentes, encontramos el momento en que Aristóteles plantea el uso de la palabra como método curativo. Es un tema sumamente interesante que termina vinculando todas las formas de psicoterapia: lo que nos hablamos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea nos determina. Somos todas esas cosas que nos hemos dicho de nosotros mismos en el transcurso de nuestra existencia. 



Referencias

Feixas, G. y Miró, M. T. (2000). Cap. 2. La aproximación histórica. En Aproximaciones a la psicoterapia. Pp. 35 a 75. Paidos. https://www.academia.edu/34172782/Aproximaciones_a_la_psicoterapia_Una_introducci%C3%B3n_a_los_tratamientos_psicol%C3%B3gicos

Foucault, M. (1998). Historia de la locura en la época clásica I. 2da Ed. Fondo de Cultura Económica.

Ruiz Sánchez, J.J. y Sánchez Cano, J.J. (1998). Las psicoterapias. Introducción a las orientaciones psicoterapéuticas para profesionales sanitarios. https://facpsicologia.uaem.mx/pluginfile.php/124464/mod_resource/content/1/Perspectiva%20hist%C3%B3rica%20psicoterapia.pdf

Sáinz Luna, J. J. (2014).  La identidad ético-narrativa como fundamento del “self”. Estudios. XII (109). Pp. 27 a 47. https://estudios.itam.mx/sites/default/files/estudiositammx/files/109/000256363.pdf

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